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URIBE Y LA HECATOMBE: EL PAÍS QUE “NECESITA” A UN “MESÍAS”

URIBE Y LA HECATOMBE: EL PAÍS QUE “NECESITA” A UN “MESÍAS”

Por: Fernando Eslava / Twitter: @feslava24

Sorpresa, indignación, decepción y hasta cierto halo de misticismo generó el discurso pronunciado por el senador Álvaro Uribe Vélez en el encuentro de empresarios y líderes políticos celebrado en Atenas, Grecia. Afirmaciones como el aumento de los cultivos ilícitos durante los últimos 4 años, el aumento exclusivo de la economía legal representada en la minería ilegal y el narcotráfico, la desaceleración del crecimiento económico, y el control del país por grupos ‘terroristas’ solamente demuestran el discurso utilizado por el senador para establecer la necesidad de un ‘mesías’ redentor que salve a la patria. ¿Por qué?

El discurso del miedo y el desamparo ha sido un recurso permanente en la política -máxime cuando la misma requiere de un enemigo común, como lo fueron el fascismo y el nacionalsocialismo-. Consiste en crear una justificación falsa a todas las necesidades, penurias y problemas del país (e inclusive, agrandar los mismos en los países en los cuales estos no representan colosales barreras para la dignidad humana). Por ejemplo, en Alemania el Partido Nacionalsocialista creó el discurso de la conspiración judía que buscaba quebrar la banca y el sistema monetario alemán, canalizando el odio antisemita de los pueblos de Europa como un capital político para elegir un sistema que legitimara el poder y la seguridad sobre todo.

En el caso colombiano, el discurso del miedo y el desamparo se canaliza desde tres aspectos: el crecimiento de la criminalidad, el decrecimiento de la economía -que según uribistas y neoliberales trae consigo la pobreza- y los acuerdos de paz de La Habana. Y como una estrategia digna de ser comparada con los sistemas políticos totalitaristas, debe distorsionar la verdad o utilizarla como una catapulta para crear una sensación de inseguridad. Tal como bien lo resumió La Silla Vacía (poner el siguiente vínculo en el texto “silla vacía”: http://lasillavacia.com/historia/detector-de-mentiras-uribe-en-atenas-61285#15), la mayoría de lo expuesto por el senador antioqueño es exagerado, debatible o cierto con algunas salvedades. Afirmaciones como el crecimiento desmesurado de la criminalidad, los cultivos ilícitos o el control territorial por grupos ‘terroristas’ (en un futuro artículo hablaré un poco acerca de los tintes políticos que puede adquirir esa denominación) con cifras inexactas, en las que no se cita la fuente ni la metodología utilizada, solamente demuestran que  el afán de Uribe y su séquito es crear la necesidad de seguridad en los votantes, para que elijan a alguien ‘que sí tiene pantalones y es un berraco’. Es decir, alguien con mano dura.

Y no es esta la única argucia discursiva que utiliza el senador. El silogismo: ‘Farc en la política igual a comunismo, comunismo en Colombia igual a Venezuela, entonces las Farc en la política igual a Venezuela’ (argumento que por su estúpida sencillez deslumbra al desprevenido) apela al rechazo a un nuevo actor político, al miedo al hambre y la pobreza y al odio que grandes sectores de la sociedad colombiana guardan -y justamente- a las Farc. Y esta sencilla ramplonería nos seduce con su discurso de ‘castrochavismo’ y socialismo siglo XXI reduciendo la verdadera inclinación política del pueblo colombiano y la imposibilidad de que una plataforma política, como la que impulsan las Farc, tenga acogida en los votantes.

¡Y ahora encímenle al país una economía ‘destruida’, porque se van las multinacionales mineras del país y se desincentiva la inversión! Un razonamiento que, de la misma forma que el ‘castrochavismo’, por su simplismo chambón reduce el complejo entramado de la economía y los sectores productivos del país, creyendo que todo el sistema económico se sustenta únicamente en la explotación de recursos naturales.

Ahora bien, afirmar que la versión del país que muestra Uribe al mundo no sea la verdadera no significa que se considere a nuestro país como una utopía hecha realidad. Únicamente se busca rebatir la construcción de visiones simples y trastornadas de los problemas del país. Los problemas reales tienen nombres concretos y no son Farc, ‘castrochavismo’ y ‘falta de confianza inversionista’; se llaman corrupción, narcotráfico, cultura de la muerte, pobreza, inequidad, guerra e indiferencia.

No se trata de ocultar los problemas del país y mostrar lo que nos conviene, sino ser frenteros y asumir los retos del país, ser conscientes que no son grupos terroristas sino bandas criminales sucesoras del paramilitarismo y las guerrillas que han tomado control del territorio colombiano por posiciones estratégicas en el negocio del narcotráfico; que a los líderes sociales no los matan por ser de izquierda ‘comunista y guerrillera’ sino por denunciar, controlar y someter al juicio público a los corruptos y a los criminales; que el proceso de paz es un reto a asumir si queremos bajar los carteles y vendas que nublan la vista de los problemas de este país y que la mayor pelea es contra el hambre y la falta de bienestar. Por tanto, este país que no es perfecto, pero no está en la hecatombe requiere mayor solidaridad, mayor cantidad de políticos y personas comprometidas con la transparencia y mayor cantidad de personas dispuestas a trabajar por el pueblo. No necesitamos un mesías que nos dé carreteras para viajar, si al salir nos extorsionan o matan.

Imagen tomada de:  http://lasillavacia.com/

Lo expresado por el columnista no representa la opinión de EL PALIQUE REVISTA DIGITAL

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