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Señor Uribe, dese una vuelta por Bojayá

Señor Uribe, dese una vuelta por Bojayá

Por: Daniela Ospina Dávila/ @DanielaOspina_

Estuve en la marcha convocada por el uribismo en contra del gobierno del presidente Juan Manuel Santos y a diferencia de lo que escuché y leí a amigos cercanos, no puedo minimizar lo que ví, había gente y mucha.

Gritaban, rezaban y sostenían sus pancartas con firmeza en contra de las FARC, de Santos, de la “persecución política”, de los alimentos caros, de los impuestos, de la “pérdida de San Andrés”, del precio de los alimentos, si hubieran podido hasta el Bogotazo y el calentamiento global le habrían achacado a este gobierno (que llegó al poder precisamente por esos mismos votos de los que hoy marchan).

Incluso adelantaron Semana Santa, con procesiones parecidas a las del sábado previo a la resurrección de Cristo, con una virgen María enaltecida mientras sus cargueros  con vehemencia vociferaban en contra de un proceso en el que las víctimas han hecho honor a eso que  el catolicismo tanto profesa: el perdón.

A pesar que en todo el país se estén utilizando los pulpitos para hacer política y que el sector que marchó el sábado dé un papel preponderante a la religiosidad cristiana, parece ser que todos se hacen los de la vista gorda con uno de sus más grandes pilares; ese que implica perdonar, sanar, soltar.

La vida definitivamente es de contrastes. Tuve que presenciar todo esto, justo un día después de llegar de Bojayá (Chocó). Ese pequeño municipio que el 2 de mayo de 2002 se convirtió en uno de los emblemas del horror de la guerra en Colombia, cuando en medio de fuego cruzado entre integrantes del frente 58 de las FARC y paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas murieron al menos 79 personas, la mayoría de ellos niños, que se encontraban resguardándose en la iglesia del poblado.

Vestigios del lugar de la masacre – Bellavista viejo (Bojayá)

“Vi gente despedazada, sin piernas ni manos… cabezas regadas, sangre, mucha sangre. Inclusive aprecié a ciudadanos corriendo mutilados“, expresó el párroco Antún Ramos, uno de los símbolos de la tragedia.

No obstante  de estos hechos y toda la violencia que ha azotado sin clemencia a esta región del país por décadas, en parte también por el abandono estatal, en Bojayá se habla de perdón sin reparos. La palabra “reconciliación” se escucha en cada esquina, de las pocas que componen el Nuevo Bellavista, ya que todo el poblado fue trasladado a pocos kilómetros, mientras el lugar de la masacre permanece abandonado hasta la actualidad.

Vestigios del lugar de la masacre – Bellavista viejo (Bojayá)

Durante los primeros años del nuevo milenio casi todos los habitantes de Bojayá perdieron un ser querido, una parte de su cuerpo o tuvieron que huir. A pesar de eso, durante el plebiscito del Acuerdo de Paz entre las FARC y el Gobierno Nacional, el 96% de la población dijo SÍ.

“Nosotros votamos ‘Sí’ al plebiscito por cansancio de la guerra. Esto no se lo puede abrogar ningún político o que la gente votó porque era de algún partido. No, allá el trabajo lo hicieron las organizaciones, la iglesia y por encima de eso la convicción de la gente, que hace que se busquen soluciones para parar un conflicto y, votando de esa manera, se esperaba que lo que nos pasó a nosotros –ahí viene la solidaridad nuestra– no le pase a ninguno de ustedes”.

Ahora bien, sabemos que quienes lideraron la movilización del 1 de abril, más allá de hacerlo en contra de la corrupción (sin ninguna autoridad moral para hacerlo… chuzadas, Yidispolítica, Agro Ingreso Seguro, conflicto de intereses, tráfico de influencias y tantas otras), lo hicieron en contra de Santos y su bandera: el proceso de paz. Y de paso empezar en forma campaña presidencial…

En Bojayá no hubo marcha del uribismo, no porque sean santistas o porque estén felices con todo lo que hace el gobierno de turno, no. En Bojayá no marchó nadie, porque más allá de haber vivido en carne propia el conflicto, sus habitantes tuvieron la capacidad de mirar a los ojos a sus victimarios, ver sus lágrimas y perdonarlos, para que ninguno de nosotros tenga que padecer lo que ellos vivieron.

Señor Álvaro Uribe, movilizar a miles de personas con odio y apelando al miedo es fácil.

Levantarse de las cenizas para soltar ese rencor y bregar por un país reconciliado no, por favor dése una vuelta por Bojayá y aprenda de esa gente que tiene tanto por enseñarle.

Imagen Destacada: @EnamoratedelChocó

Fotografías: Daniela Ospina Dávila

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