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DE LOS ERRORES SE APRENDE

DE LOS ERRORES SE APRENDE
Autor:  Camilo Garcia / @CamiloGarcia63

“Por qué siempre a nosotros, Señor” Esa frase retumba en mi mente cada vez que recuerdo la desafortunada  tarde del 31 de octubre de 1987, mientras escucho la voz desgarrada del relator y en el video se ve a Diego Aguirre corriendo como loco en la tribuna oriental del Nacional de Santiago, y sí, aunque son momentos, escenarios, y nombres distintos, el lunes, con el empate al Pereira, volvió de nuevo a mi cabeza.

Y la pregunta salta por sí sola a la vista: ¿Por qué se nos escapan los puntos que prácticamente tenemos en el bolsillo? ¿Por qué en  un abrir y cerrar de ojos  terminamos regalándole el empate al rival? Sabiendo que América es quien propone, hace el gasto, toma la manija del partido, y futbolísticamente termina siendo infinitamente superior a su oponente de turno.

Es que la historia se repite durante dos fechas, casi como si fueran calcadas. En Soacha, con la gente a favor, y siendo más que Tigres, termina cediendo un empate cuando no faltaban más de 10 minutos para cerrar el juego, en una pelota que en el trámite del partido no se veía cómo podría llegar a ser una anotación en contra del escarlata; y el lunes, con la gente mucho más a favor, con un estadio repleto, y con las expectativas muy altas, por el hecho de medirse con el que seguramente es el candidato más fuerte para lograr el ascenso, el ‘Rojo’ era bastante más que su adversario, lo ganaba bien, e intentaba cerrar el encuentro, pero en una desconcentración en marca, en la última pelota del partido, Pereira logra un empate por el cual no había trabajado mucho para conseguirlo.

No sólo duele perder los puntos, lo que duele es el cómo se pierden. Con rivales entregados ya al pitazo final, esperando cualquier escaramuza para conseguir lo que no habían planteado lograr durante todo el desarrollo del encuentro, el equipo se desconcentra y en jugadas completamente aisladas, le otorga la bala de oxígeno para que tomen el aire que los lleva a sacar el botín a costa de los dirigidos por Hernán Torres.

Lo poco, y tal vez lo único que se puede rescatar de todo esto, es que sucede en el momento en que aún se pueden ajustar esos detalles para afrontar el verdadero momento decisivo, los cuadrangulares finales. Son las falencias que hay que pulir, trabajar, y evitar que vuelvan a suceder, son esos momentos donde la concentración tiene que estar a pleno, y el trabajo mental y emocional debe ser importantísimo para consolidar la idea de que los partidos hay que jugarlos, hasta que el central señale el punto medio con el mismo ahínco y fuerza con el que éste conjunto sabe hacerlo desde el minuto 0.

No quiero ser alarmista, no quiero ser quien “meta el dedo en la llaga”, simplemente hay que trabajar esas cosas, porque en los partidos definitivos no se pueden presentar cuadros como los de estas dos últimas fechas, porque si llegasen a suceder, no sólo costarían puntos en la tabla, sino que también, hasta el mismo ascenso, y no quiero pensar, que por un error más, estemos sentenciados a un sexto año en la B, y tener que lamentarme y preguntarme: “¿Por qué a nosotros, Señor?”.

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