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LA MORAL DEL MIEDO

LA MORAL DEL MIEDO

Por: Leonardo Zapata / @_Sero_tonina

Se añora la paz pero se predica la guerra. Creo que es imposible contar exactamente, incluso, aproximadamente cuantas guerras han atravesado la historia. Y seguramente, en todos estos tiempos el anhelo y la predicación del amor  y la paz se ha hecho manifiesta. Algunos optimistas como Galeano están seguros de la efectividad de ese anhelo utópico, otros un poco más pesimistas definen la guerra como el arte del ser humano.

Mi reflexión no tiene que ver estrictamente con las necesidades o impulsos sádicos del ser humano, o respecto a su naturaleza bélica, va más bien con relación al discurso. Me hallo un poco sorprendido con los comentarios de pasillo respecto al lanzamiento de un misil por parte de Corea del Norte; la mayoría un poco fanáticos, como sí se tratase de un partido del mundial ¡hasta apuestas se hacen! Esto me lleva a preguntarme ¿por qué tanta fascinación por la guerra?

Tenemos fresquitas, a menos de un siglo, dos guerras mundiales y “una” (que realmente es una suma) guerra fría, de la cual las secuelas anuncian los medios de comunicación. La guerra fría podríamos denominarla como una guerra entre potencias por poder político, económico y control de territorio en otros lugares muy lejos de dichas potencias, es decir, una guerra estratégica, casi como un jueguito en el tablero. Por esto es que para muchos resulta tan controversial la actual reunión del G20, algunos lo interpretan como los jugares sentados al tablero decidiendo por el resto del mundo. ¿En las manos de cuantos la vida de tantos? Digo la vida porque no sólo está en juego  de la guerra, sino de la economía y la “protección” del planeta.

Lo que me resulta sorprendente de todo esto no es la reunión del G20, ni siquiera el  lanzamiento del misil intercontinental por parte de Corea del Norte ni su asombroso alcance o la respuesta de Trump o de Putin ni de Xi Jinping, si no el modo como los medios de comunicación tratan el asunto. Pienso por ejemplo en el rol del cine en la guerra fría, por ejemplo en la famosa guerra de Vietnam: para muchos esta guerra era injusta e innecesaria, EEUU envía una cantidad de tropas allí (como lo hizo en Irak y en muchas otras partes), pone a sus hijos de carne de cañón y le vende a través del cine el honor de participar en dicha lucha. Y de esta manera y de muchas otras, como el modo como los medios tratan el lenguaje evidencian la aporía: se añora la paz pero se predica la guerra.

Para los años 90´s, donde aún prevalecen las guerras consecuencia de la guerra fría, se generaliza un miedo por el uso de bombas nucleares, -recordemos no más el final fatídico de Japón en la segunda guerra mundial-; los medios de comunicación alimentan día a día el miedo, son como una pequeña jeringa que lo inyecta sin dolor; a contramarea muchos frentes del arte como vertientes independientes de cine, cantantes, pintores luchan contra el miedo al “botón rojo”.

Ahora, unos 20 años largos después, casi 30, el miedo permanece alimentado por la jeringa: Culmina, por ejemplo, una nota de la BBC (por no hacer un llamado a CNN o al periódico el mundo) llamada “Corea de Norte anuncia que lanzó “con éxito” un misil balístico intercontinental”:

Ante la perspectiva de la posibilidad de un ataque de Corea del Norte a EE.UU., el presidente estadounidense Donald Trump tuiteó en enero: “Eso no pasará”.

Pero la mayoría de los expertos creen que en unos cinco años o quizá menos, Pyongyang tendría la capacidad de hacerlo.

¿Y qué haría Trump ante eso?[1]

Una pregunta tentadora, incitadora a las apuestas y a las respuestas. Parece lógico que se exija una respuesta ante un misil que se prueba, ahora, ¿Cuál es el tipo de respuesta que la gente espera?

Son 11 pruebas de misiles las que suma Corea del Norte en lo corrido del 2017, se titularon la posibilidad latente de una tercera guerra mundial, posibles alianzas e incluso posibles victorias. Año tras año los países destinan un día para exhibir su armamento por las calles en desfiles masivos y ayudados por los medios y su discurso alimentan la moral del miedo.

Y es por el miedo, es por esa moral absurda que la paz no es más que un anhelo antes de ir a dormir. La bandera de la democracia y la organización social es la protección. Dicha bandera no es posible sin un adversario, es decir, sin el miedo. Gracias al miedo hoy en Hamburgo se pueden sentar los hombres más poderosos a discutir en la reunión del G20, gracias al miedo ellos son los más poderosos, entonces ¿Por qué inyectar miedo y no paz? Respuesta: Para mantener el orden social. No es posible hacer campaña presidencial con la defensa de la soberanía sí dicha soberanía no se encuentra en riesgo. A veces me imagino a todos esos dirigentes -incluyendo al presidente Norcoreano- sentados tomándose una cerveza mientras se ríen, por supuesto es una imagen abusiva y exagerada, pero es más abusivo que se infunda el miedo bajo el signo inequívoco de la verdad.

[1] Leonardo Zapata

Imagen tomada de:  http://www.dw.com/

Lo expresado por el columnista no representa la opinión de EL PALIQUE REVISTA DIGITAL

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