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HERNÁN TORRES, CAPITÁN DEL BARCO HACIA EL ASCENSO

HERNÁN TORRES, CAPITÁN DEL BARCO  HACIA EL ASCENSO

POR: CAMILO GARCÍA/@CAMILOGARCIA63

La tarde que debatía su ánimo entre el viento frío y el radiante sol, se abría paso entre cientos de camisetas rojas llenas de un optimismo desbordante. En la cancha, a pocos metros, el equipo miraba de frente la victoria, y aunque dudó y le costó el inicio del juego, en 10 minutos ya era dueño de la pelota, el trámite y de la misma tarde.

El rojo buscó el toque de balón entre los riscos de la cancha, lanzó con timidez sus laterales sobre las bandas rústicas e insistió en el buen juego con sus talentosos jugadores; juntó por instantes a Lucumí y Angulo que recibían juego de los dos pistones parados detrás de ellos.  Sin embargo, el gol no llegaba y salvo un zapatazo de Castañeda, la tarde era tranquila para todos.  De pronto, una exhalación brotó de cada extremo de la cancha, la tribuna se levantó, y el equipo sintió esa descarga, aceleró y encontró dos opciones, una más clara que la otra, pero con el mismo desenlace; Angulo girando en un enganche infinito y el balón lejos del grito sagrado.

El segundo tiempo arrancó como una extensión del primero, pero sin el enganche intrascendente de Angulo que entendió la premura del toque de primera. Así lo hizo con Martínez y Lucumí cargados sobre la izquierda; tocaron de nuevo dándole un toque de calidad a un centro venenoso que cayó sobre el área rival en busca de Mercado, forzando un rechazo certero del defensa central que reventó su propia red e hizo estallar el júbilo único que produce un gol de América. Golazo.

El rojo siguió, manejó el juego y a pesar de una leve reacción del rival, se veía imponente en la cancha mirando de frente la victoria final. Mercado, antes de salir relevado, tuvo una clara que dando tumbos salpicó de gol el arco.  Los minutos corrían y la gente alentaba con más ímpetu la victoria que cumplía 85 minutos de gestación con una atajada impresionante de Bejarano, que precedió una falta cerca al área, que ojalá nunca hubiera existido. Cobraron, el arquero dio rebote y Tigres empató de forma injusta el partido.  La tarde se vino abajo, la cancha quedó en silencio como el corazón de los que buscaban respuestas en el piso lleno de reproches, hasta el profe Torres dejó de arengar. El silencio se extendió y fue interrumpido unos minutos después por el chirrido que anunciaba el fin del partido. Cómo se va el partido de esta forma casi absurda. Cómo se va el resultado si el equipo jugó bien y fue superior durante todo el partido trasmitiendo tranquilidad a su gente. Cómo se van los puntos en cinco minutos.

Sólo faltaron cinco minutos para cerrar una victoria merecida y necesaria, sólo faltaron cinco minutos para cerrar de forma brillante una jornada larga que inició muy temprano cuando desperté ansioso  pensando en  América, tatareando canciones del rojo y buscando con prisa las dos de la tarde para verlo de nuevo. Qué vaina, sólo faltaron cinco minutos.

Más sin embargo, no se puede reprochar el trabajo de los dirigidos por Torres, que desde su llegada le ha dado un nuevo aire al equipo americano y ha llenado de ilusión los corazones de sus hinchas. Con este empate, se prolonga la racha del equipo escarlata a diez partidos sin conocer la derrota y se ve cómo sus jugadores, cuerpo técnico e hinchas empiezan a afianzar una relación que hace tiempo se veía apañada por los malos resultados.

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